NEETS GENERATION

 Mejorar el panorama desolador que se avecina sobre los jóvenes españoles debería ser una prioridad del gobierno de Mariano Rajoy, al que, sin embargo, parece no importarle demasiado. Especial hincapié han hecho en esta cuestión los diferentes medios de comunicación, teniendo, como siempre, unos mayor impacto que otros. El último en hacer alusión a un tema tan trascendente ha sido The Economist, quién en su último número del mes de Abril desvela datos alentadores sobre la que se nos viene encima a los jóvenes españoles. “Generation jobless”, así de contundente se muestra al titular su primera página, para continuar, a lo largo de todo el número, vertiendo información relevante:

        En Grecia y en España más del 60% de la población joven se encuentra desempleada.

        En todo el mundo los jovenes desempleados son tan numerosos como la población de los Estados Unidos, aproximadamente unos 300 millones.

        Las pérdidas económicas derivadas del desempleo juvenil en Europa para el año 2011 ascienden a 153$ billones, por no hablar de las perdidas irrecuperables ocasionadas al capital humano.

Y es que para muchos economistas no hay palabra que mejor describa a los jóvenes de nuestra generación que “NEETS” (Not in employment, education, or training), por sus siglas en inglés. Esta situación evidentemente nos hace plantearnos el futuro de una sociedad que parece desmoronarse lentamente, aunque cada vez a un ritmo más acelerado.

Las pérdidas de capital humano, como ya decíamos, son incalculables y, lo que es más importante, irrecuperables. La desazón ha calado fuertemente en nuestra sociedad, al igual que el desengaño político, relegando a los burócratas a una situación de, cada vez más, repudio. Sin embargo aún quedan esperanzas, podemos salir de aquí. El problema viene en reconocer que, como no podía ser de otra manera, necesitamos un gobierno socialmente aunque también económicamente  comprometido con la causa. De estar dispuesto a combatir la situación, seguro que lograría un éxito estrepitoso. Y para ello, aquí propongo una serie de propuestas de mejora que, de manera humilde, podrían ayudarnos a salir del Camino de Servidumbre (como ya titulara F. Hayek su libro más célebre).

En primer lugar mejoraría el sistema de enseñanza pública que es la base imprescindible de cualquier futuro profesional. Premiaría la excelencia, castigaría la dejadez y el abandono prematuro del ciclo formativo, que sólo lastra las expectativas de un país a largo plazo, como ya han demostrado tantísimas investigaciones. Hablaríamos de una reforma que tardaría en dar sus frutos pero que, viendo la actual coyuntura, valdría la pena esperar.

En segundo lugar propondría desgravaciones fiscales para la contratacion de jóvenes comprendidos entre 16 y 30 años. Reducciones que se verían acompañadas, como no podía ser de otra manera, por proyectos formativos subvencionados por el Estado, pero proyectos realmente productivos y no la calaña a la que nos tienen acostumbrados gobiernos de ambos partidos.

A continuación aumentaría la edad de jubilación pero, a su vez, reduciría la jornada laboral, lo que no solamente se vería compensado, sino que además permitiría gozar de mejores niveles de vida. Para los posibles detractores de esta propuesta, vale decir que los aumentos en la productividad se ven compensados con elevaciones salariales o reducciones de la jornada laboral.

Y, por último, favorecería los contratos indefinidos mediante desgravaciones especiales cada, por ejemplo, 5 años, todo ello con el fin de dotar a los diferentes trabajadores de una estabilidad laboral que ha demostrado ser primordial en la aparición de la creatividad y en la gestión de la eficiencia.

La pregunta que, indudablemente, se harán muchos de ustedes será de dónde salen los fondos para financiar la reforma educativa y las desgravaciones fiscales. Pues bien, aquí es dónde debería llegar el sacrificio político para terminar con las innumerables falacias que nos han estado contando durante tantos años. Es hora de admitir que SI hay fondos públicos, pero no adecuadamente empleados. Hablamos de unos fondos que, principalmente, se están llevando ellos sin aportar nada a cambio. Justo lo contrario que cabe esperar de una sociedad justa. 

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