¿SOY UN LIBERAL?

¿Soy un liberal? se pronunció en forma de conferencia en Cambridge en Agosto de 1925 por John Maynard Keynes. En lo que sigue citaré unos fragmentos que, como bien verán, pudieran haberse pronunciado hoy mismo. Y esa, precisamente, es la grandeza del maestro: casi cien años después de haberlo escrito sigue cautivando con la misma eficacia.

“Un eminente economista norteamericano, el profesor Commons (…), distingue tres épocas, tres ordenes económicos, en el tercero de los cuales estamos entrando. El primero es la era de la escasez, "sea debida a ineficiencia o violencia, guerra, costumbre o superstición”. En dicho periodo “se da el mínimo de libertad individual y el máximo de control gubernamental, comunista o feudal, a través de la coerción física”. Este fue con breves intervalos en casos excepcionales, el estado económico normal del mundo hasta, digamos, el siglo XV o XVI. 

Después viene la era de la abundancia. “En un período de extrema abundancia se da el máximo de libertad individual y el mínimo de control coercitivo a través del gobierno, y las relaciones de intercambio entre los individuos sustituyen al razonamiento”. Durante los siglos XVII y XVIII hicimos nuestro camino libres de la esclavitud de la escasez, al aire libre de la abundancia, y en el siglo XIX esta época culminó gloriosamente con las victorias del laissez-faire y del liberalismo histórico (…).

Pero ahora estamos entrando en una tercera era, que el profesor Commons llama período de estabilización y caracteriza justamente como “la alternativa real al comunismo de Marx”. En este período, dice,

Se da una disminución de la libertad individual, impuesta en parte por sanciones gubernativas, pero principalmente por sanciones económicas a través de la acción concertada de asociaciones, corporaciones, sindicatos y otros movimientos colectivos (…)

La transición de la anarquía económica a un régimen que deliberadamente apunta a controlar y dirigir las fuerzas económicas en interés de la justicia social y de la estabilidad social, presentará enormes dificultades tanto técnicas como políticas. No obstante, sugiero que el verdadero destino del nuevo liberalismo es buscar su solución.

(…) La mitad de la sabiduría de cuaderno de caligrafía de nuestros estadistas se basa en supuestos que fueron ciertos, o parcialmente ciertos, en su momento, pero que ahora son cada vez menos ciertos a medida que pasan los días. Tenemos que descubrir una nueva sabiduría para una nueva época. Y entre tanto debemos, si hemos de hacer algo bueno, parecer heterodoxos, molestos, peligrosos y desobedientes para con los que nos han engendrado.

En el campo económico esto significa, ante todo, que debemos encontrar nuevas políticas y nuevos instrumentos para adaptar y controlar el funcionamiento de las fuerzas económicas, de modo que no interfieran de un modo intolerable en las ideas contemporáneas sobre lo que es conveniente y adecuado para los intereses de la estabilidad social y de la justicia social.

(…) Hemos cambiado, por grados insensibles, nuestra filosofía de la vida económica, nuestras cuestiones de lo que es razonable y de lo que es tolerable; y hemos hecho esto sin cambiar nuestra técnica o nuestras máximas de cuaderno de caligrafía. De ahí nuestros lamentos y dificultades.


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